La pregunta parece imposible. Pero precisamente por eso resulta tan inquietante.
Porque quizá el verdadero horror no sería que Pennywise devorara al pequeño Joker.
Quizá el auténtico horror sería que decidiera enseñarle.
Un encuentro bajo las alcantarillas de Derry
Todo comienza en Derry.
Las alcantarillas esconden algo antiguo. Algo que lleva siglos alimentándose del miedo humano.
Pennywise.
La criatura observa a los niños como un depredador observa a sus presas.
Los estudia.
Los manipula.
Los rompe.
Y después se alimenta de ellos.
Pero un día encuentra algo diferente.
Un niño baja solo a las alcantarillas.
No llora.
No parece asustado.
No intenta escapar.
Simplemente observa la oscuridad.
Y sonríe.
Pennywise siente inmediatamente que algo no encaja.
El niño que no tenía miedo
Durante siglos, Pennywise ha utilizado el miedo como arma.
Es su herramienta favorita.
Su alimento.
Su forma de controlar a las personas.
Pero este niño es distinto.
No reacciona como debería.
No muestra pánico.
No tiembla.
No suplica.
Cuando Pennywise aparece lentamente entre las sombras y pregunta:
—¿Sabes lo que soy?
El niño responde con una sonrisa.
—Alguien interesante, señor.
Por primera vez en mucho tiempo, Pennywise siente curiosidad.
El aprendizaje del caos
La criatura decide hacer algo diferente.
En lugar de devorarlo, comienza a hablar con él.
Le cuenta cómo funciona el miedo.
Le explica cómo las personas esconden secretos.
Cómo basta una pequeña grieta para romper una mente.
Cómo el dolor puede convertirse en espectáculo.
Cómo la desesperación puede transformarse en diversión.
Y el niño escucha atentamente.
Aprende.
Observa.
Absorbe cada palabra.
Pero ocurre algo inesperado.
Aprende demasiado rápido.
El alumno supera la lección
Pennywise enseña a manipular.
El niño aprende a destruir.
Pennywise enseña a provocar miedo.
El niño descubre cómo convertir el sufrimiento en entretenimiento.
Pennywise utiliza ilusiones.
El niño desarrolla algo todavía más peligroso.
Mientras pasan los años, la criatura empieza a darse cuenta de algo inquietante.
Su alumno ya no necesita miedo.
Ni siquiera necesita monstruos.
Puede provocar el caos simplemente entrando en una habitación.
Y eso convierte al niño en algo que Pennywise nunca había visto.
El error de Pennywise
Convencido de que ha creado al depredador perfecto, Pennywise decide dar el paso final.
Como hace con todas sus víctimas.
Se acerca.
Sonríe.
Y se dispone a consumir aquello que ayudó a crear.
Pero entonces descubre la verdad.
El niño no tiene miedo.
Nunca lo tuvo.
No hay terror del que alimentarse.
No hay inseguridad.
No hay desesperación.
Solo una sonrisa imposible.
Una sonrisa que parece entender algo que ni siquiera Pennywise comprende.
En ese instante, la criatura descubre que ya no controla la situación.
El nacimiento del Joker
Pennywise siempre creyó que el miedo era la fuerza definitiva.
Pero acaba de encontrarse con algo distinto.
El caos.
Un caos puro.
Sin objetivos.
Sin reglas.
Sin necesidad de supervivencia.
Sin lógica.
Algo imposible de predecir.
Algo imposible de manipular.
Ese niño crecerá.
Abandonará Derry.
Dejará atrás las alcantarillas.
Pero las lecciones permanecerán.
Y el mundo terminará conociéndolo por otro nombre.
Un nombre capaz de sembrar el caos incluso entre héroes, criminales y monstruos.
¿Quién sería realmente más peligroso?
La pregunta final resulta fascinante.
Pennywise es una entidad ancestral capaz de adoptar cualquier forma.
Puede convertirse en los peores miedos de sus víctimas.
Puede destruir pueblos enteros.
Pero depende del miedo para existir.
El Joker no.
El Joker no necesita alimentarse de nada.
No necesita poderes sobrenaturales.
No necesita transformarse.
Solo necesita una oportunidad.
Por eso algunos podrían argumentar que Pennywise es más poderoso.
Pero también podría decirse que el Joker es más peligroso.
Porque una criatura que vive del miedo siempre puede ser derrotada por quien deja de tener miedo.
Y el Joker parece haber nacido precisamente para eso.
Conclusión
Si Pennywise hubiera criado al Joker, probablemente habría cometido el mayor error de toda su existencia.
Creería estar creando a la víctima perfecta.
Creería estar formando a un discípulo.
Pero en realidad estaría construyendo algo mucho peor.
Una mente imposible de romper.
Un villano que no teme a nada.
Una risa capaz de sobrevivir incluso al horror más antiguo.
Porque al final, incluso los monstruos tienen miedo de algo.
Y quizá lo único que realmente asustaría a Pennywise sería descubrir que ha creado al Joker.